No supe más de él. No supe qué otros caminos tomó, ni que otras vidas compartió. No supe más en qué callejones se escondió su sonrisa, ni qué otras risas sacó a mitad de oración. No supe más qué canción era su favorita de cada día, ni qué remordimientos se comió con su sutil personalidad de escapista. No comprendí más ninguna de sus palabras, ningún lenguaje corporal que intentó hacerme descifrar una verdad que no salía de él, y mucho menos comprendí todas las excusas que llegaron después de esa verdad. No supe más de él. Hasta hoy que cruzó como si nada el pasillo principal del espacio que compartimos. Me miró, lo sentí. Yo no supe mirarlo más.
viernes, 21 de agosto de 2020
Ausencia
En la espera no hay orden
no hay sentido ni futuro
de recuperar lo ausente.
Esperar
bajo el canon de la propia espera
con ánimo intrínseco de Penélope
sin querer serlo
sin querer parecerme siquiera
a quien espera,
sin control y sin medida,
lo ausente.
Y si hay una espera en mí
es sólo de mí misma.
Mi ausencia le pesa únicamente
a mi cuerpo,
mi mente,
mi alma.
Mi ausencia no es presencia
en ningún orden,
en ningún sentido;
para ti,
para nadie.
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