martes, 21 de abril de 2026

Giros.

He muerto en la agenda de tus besos, en el personaje antagónico de tu mal amor. Infragante de soledad descubro en tu sonrisa la tranquilidad; te descubro, no me observas y así damos vuelta en torno a la discordia y placer. He muerto en la agenda de tus besos, en la agonía victimaria de mi rol.

domingo, 21 de enero de 2024

La pena.

Recurro a la escritura porque no sé qué otro lugar habitar. Todo me parece demasiado difícil, tan lleno de cosas, tan estrambótico y yo, tan nada, disuelta en quién sabe qué. No hay un orden para seguir, nada claro que ver, la sensación que llega, esporádica, a anunciarse como si yo no supiera que reside, que espera, expectante, por salir a la luz.

La pena ha sido una gran compañera. A veces debato conmigo misma el cariño que le tengo. Hay oportunidades en que me dejo envolver en sus brazos y me siento tan cómoda que soy incapaz de querer salir. Aun cuando todo el mundo diga que permanecer no es opción, lo es cuando el mundo es tanto y una no. 

Otras soy esta, una mujer útil, autovalente. Puedo caminar, levantarme de la cama, obligarme a comer. Me busco en los sudokus, en las películas de navidad, en los libros, en los regalos que me gusta hacer, en los amigos que veo. Pero no me encuentro. Algo sigue prisionero en el pecho y no tengo las herramientas para liberarlo. 

La pena se siente como un peso que no puedes levantar. 

Sin embargo, camino. Un tanto descalza, con ganas de sentir el frío para despertar, para sentir que vivo y que esa sensación abrumadora de la no existencia desaparecerá, porque eso he aprendido. Tantos años viajando por este laberinto y siempre hay nuevas paredes con las que chocar. Es agotador.

Entonces me pierdo, no quiero nada. Quiero un segundo conmigo misma y eso tampoco es suficiente. Nada me quita el nudo que aparece, insólito, en el pecho. Nada calla la voz interna. Nada me dice cómo salir de aquí. Salir es más doloroso que quedarse.

No he llorado. No me siento capaz. Mas quiero escapar. Y no hay rumbo. No hay lugares. Nada parece favorable. Entonces me imagino corriendo en círculos buscando vaya una a saber qué. 

Tantos años en esto y sigo vulnerable a las recaídas. Sentir que no he aprendido nada, que aún no logro identificar que lo calma. No obstante, sigo en búsqueda de otro refugio que no sea mi cama. No sé destruirla, pero sí tranquilizarla.

La pena ha sido por años una fiel compañera. A veces quiero hundir mi cabeza en el agua y sentir que la falta de respiración es más dolorosa que ella. A veces me gustaría sentir otro dolor más justificado, con razón de ser y no esta imprevista amiga que viene a visitarte un jueves por la tarde porque no tiene nada mejor que hacer. Intento abrazarla, entenderla y quererla. 

Quizá si no fuera inoportuna, si tuviera alguna explicación, no me dolería tanto. Sufrir por el sólo hecho de sufrir me impacienta. Me cansa. Y aunque tenga un motivo, un nombre, para mí no es razón suficiente para tanto desorden. 

Cuando la pena llega sólo pienso en cuánto me gustaría no ser quién soy. ¿Habrá una forma de sacarla para siempre? Destinada a su compañía, sólo me queda aguantar estos días.

La pena, mi fiel compañera, así como llega, también se va. 

miércoles, 10 de enero de 2024

El olvido es masculino.

No sé dejarte ir.

Nunca supe cómo hacerlo, por eso volví después de tanto tiempo. No sé conjugar eso del adiós. Quiero imitarte. Quiero encontrar una manera de avanzar sin sentir el dolor de tu pérdida, sin contemplarte a lo lejos, que desaparezcas completo y no vuelvas a habitar cada rincón de los recuerdos.

La memoria me pertenece.

A nosotras nos enseñan la constancia, el poder de la perseverancia, a darlo todo inclusive cuando eso significa perderte a ti misma. No nos educaron en el arte de soltar: que qué se pierde intentando, que si duele pasará, que nos podemos sorprender, las personas cambian. Intrínseca creencia del crecimiento humano, insistente empatía que nos desborda.

Nadie nos explicó que podemos huir cuando el amor duele, abandonar la habitación sobrepoblada por su omnipresencia, sin objeto ni sustancia con nuestro nombre… Y si es que lo hubo, fue mera decoración. Encargadas de levantar el desorden, del diseño de interiores, los colores y alimentos, elogiar su llegada. En ese atributo logístico, no logramos ser suficiente. Al final, solo nos pertenecía la idea de sentirnos parte. Amadas.

El olvido es una palabra masculina.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Bipolar

Despierta.
Aparece enredada
en una felicidad que parece mentira,
libre, piensa que está bien,
un tiempo, nada más que un tiempo.
Presa por accidente del ánimo a viva piel
aprensiva de esta no realidad
quisiera ser siempre esta
aliarme completa a mi parte divertida
simpática, llena de risa,
exigir tenencia incidente de mí misma
espíritu apetecible.
Resistir a la pena en la trinchera
tejer impaciente la energía,
irreverente.
Dilemas de la resiliencia intrínseca
y el éxtasis vestido de libertad
nada es constante.
Nimiedad de sentir placer, abundancia
sentir íntegramente, enteramente
el ejercicio de vivir.
Divergente.


Abandono.
Sopor oscuro.
Fruto doloroso, inoportuno.
Ocaso del amor, oculto, tránsfugo
rotunda conclusión del color.
Pronto, no hay dudas,
no futuro, no humor.
El amparo es un profundo pozo,
hurto de mi cuerpo, mudo
profana un frondoso árbol de sueños
abrasados, son carbón de mi consumo.
Ojos hechos bolsa,
absurdo oráculo de fatalismo.
Lamento acurrucado,
construyo ofuscada el orgullo nulo
cuando no mora el gozo.
Me transformo en insomnio
nocturna, obsoleta
amarro las manos
usurpo lo posterior
no queda
suma
solo un hondo confort
un extraño llanto
lloro por no ser
Yo.
Más.
Oscilar.

domingo, 3 de diciembre de 2023

La vida que no quise

Nos juntamos el jueves en un café a conversar después de no vernos durante diez largos meses. Jemi es una persona con quien es agradable intercambiar palabras. Nunca pensé que llegaríamos a esa reflexión o que sería la epifanía necesaria para darme cuenta cuántos años llevo atascada en los sueños que no se cumplieron.

No estoy viviendo la vida que quise. A mis veintitrés soñé que a esta edad tendría ya tres hijos, seguiría trabajando en el Sabella, seguiría construyendo el amor que tenía, tendríamos un hogar, me sentiría feliz y estable, y un montón de blablablas. Lo único estable ha sido seguir en el Sabella. La alegría se apagó y yo he intentado retenerla, un tanto a la fuerza, un tanto sin ganar. 

"No has cambiado tu significado de felicidad", me dijo Jemi. Y es verdad. Con él se esfumaron los planes, ya no se cumplieron, y yo, terca, los mantengo como si así pudiera tener vivo algo. "¿Te ha hecho feliz algo durante estos años? Han sido hartos años, amiga". Sobre eso quiero hablar. 

El año 2012, en medio de mi primera depresión fuerte, mi psicóloga de aquel entonces, me propuso una misión: tener una misión. Como sabemos todos los depresivos, tener una es casi imposible, sin embargo, al día siguiente de la asignación, apareció en la pantalla de la televisión el anuncio del Lollapalooza. Pearl Jam, uno de mis grupos favoritos, vendría a Chile el 2013. Ir se convirtió en mi objetivo. 

Le comenté a mi hermano. Trabajamos. Compramos las entradas. Nos fuimos en bus a Santiago. Empezó el Lollapalooza. Vimos a uno de sus grupos favoritos: Of Monster and Men. Y ya en la noche apareció Pearl Jam.

Mi psicóloga me anticipó que el día que cumpliera con mi objetivo iba a sentir satisfacción, pero nunca creí que la sensación sería así de inefable. Recuerdo cuando sonó "Just Breathe" y me dieron unas ganas incontenibles de llorar y sentí, después de muchos meses, alegría, y, sobre todo, la seguridad de que podía salir de ese estado. 

La música me lo demostró. Desde ahí no he parado. Inclusive cuando mis planes se cayeron a pedazos y no tuve como rearmarlos, la música en vivo se quedó estoica a mi lado. Cuando mi corazón sufrió su partida y la idea de ese futuro que tanto añoraba, se atrincheraron conmigo todos los conciertos que aparecieron no sólo después de Pearl Jam, sino después de ese oscuro octubre del 2017. Y en cada uno de ellos hubo un canción que me recordó que estaba viva, después de todo combate, de toda tormenta, de todo caos, seguía invicta ante la vida y estaba ahí, privilegiada, escuchándoles, disfrutando.

"¿Te ha hecho feliz algo durante estos años?" Me preguntó en Santiago, mismo día en que fui a ver a The Cure. Misma pregunta que recordé cuando escuché "Pictures of you" en vivo.

Entonces comenzaron a sonar otros junto a The Cure, tantos que he tenido la oportunidad de oír, tantos que me han recordado la nostalgia de vivir, la compañía de un otro, la sensación de estar presente en el aquí y en el ahora. He tenido el defecto de opacarlo con el trauma, el dolor y el ruido. Pero he sido feliz, y lo he sido bastante.

"¿Te ha hecho feliz algo durante estos años?" Todo lo que ha significado ir a escuchar música en vivo, los festivales, los conciertos, la compañía, los bailes, las conversaciones posteriores, el recuerdo, las sensaciones. Le debo tanto a la música.

No estoy viviendo la vida que quería y cuando pienso en eso me da una pena que no logro describir, una pena que muchas veces me tira a la cama y no me saca por horas. La vida que quería no es cercana a la que estoy viviendo y ya no pudo ser. Es momento de aceptarlo. Y también es momento de aceptar que la vida que quise no me permitiría tener la vida que tengo, la vida que tanto disfruto hoy. Quizá esto es lo que quiero ahora, quizá mi miedo a cambiar de planes no me dejó verlo.

Gracias a la vida que me ha dado la oportunidad de presenciar los conciertos a los que he ido. Gracias a la música por tanto.

Gracias amiga por esto.

domingo, 3 de octubre de 2021

Frases escritas en una hoja de papel

¿De qué se puede escribir?

¡Oye córtala!


Esperar.


Seriedad.


Conjugar eso del adiós.


Adornos / eso somos.


Avísame hasta dónde


hasta cuándo.


Saludos cordiales.

jueves, 30 de septiembre de 2021

Abismo

El futuro dejó de pertenecernos, no hay puente que nos lleve hacia él ni de vuelta. El limbo. Miro hacia atrás, lo distante, ya fue, ajeno y nuestro. Pasado.

Destrozado, en trozos distribuido en el suelo. Piezas náufragas de un espacio silencioso. Sin voz. Sonido indistinguible, olor a indiscreto. 

El pasado se resiste, le dejo luchar. El pasado no existe, mas habita acá. Aquí. Espacio entre tú y yo. Un abismo.

El horizonte es difuso. 

Permanezco aquí por la ilusión de su existencia.

Giros.

He muerto en la agenda de tus besos, en el personaje antagónico de tu mal amor. Infragante de soledad descubro en tu sonrisa la tranquilidad...